
¡Cien años por Gabo...y por toda la humanidad!
Ernesto Reséndiz Oikión.
Alrededor del mundo el cumpleaños ochenta de Gabriel García Márquez (el 6 de marzo) fue motivo de verdadera alegría desbordada en euforia espontánea, de reconocimiento unánime y de agradecimiento profundo desde el corazón. Agradecimiento por una vida de compromiso y congruencia, por su sinceridad y genialidad. Por su obra literaria que desde las letras latinoamericanas ha sabido ser y es tan universal como Las mil y una noches o nuestro querido Don Quijote de la Mancha.
Todo empezó cuando en alguna clase (aburrida) de cuyo nombre no quiero acordarme en lunes (inicio de semana) en la Facultad de Filosofía y Letras, una amiga (cuyo nombre no puedo recordar) mencionó a Gabo con una sonrisa en sus labios a pregunta expresa de la maestra sobre ¿quién en la actualidad era el hombre que podía tener tantas seguidoras como un viejo actor inglés (cuyo nombre -¡para colmo!- no recuerdo)? Este es sólo un ejemplo de cómo nuestro entrañable escritor colombiano con sus venerables ocho décadas de sabiduría -seis de ellas dedicadas a las letras- sigue despertando el cariño, la admiración e incluso la pasión (por su persona y por sus libros). Amor por la literatura.
En el mundo de habla hispana para festejar este amor, Aracataca se tiró literalmente por la ventana. No fue para menos, celebramos en un día (que duró cien años) la vuelta al mundo-universo en ochenta años de García Márquez; festejamos las seis décadas de la publicación de su primer cuento, “La tercera resignación”; dimos la(s) vuelta(s) a Macondo en cuarenta años de Cien años de soledad en su edición clásica de 1967 de Sudamericana y brindamos por los cinco lustros que el latinoamericano universal tiene de honrar al Premio Nobel de Literatura 1982, vestido todo de blanco y de gala.
En Madrid se dio lectura de principio a fin (de cabo a Gabo) a Cien años de soledad que desveló el placer caribeño en cada uno de sus párrafos. En La Habana la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano (FNCL), creada y presidida por el también guionista, organizó el ciclo “García Márquez en el séptimo arte”, en donde se exhibieron, entre otras películas, “El verano de la señora Forbes” y “Fábula de la Bella Palomera”.
En la ciudad de México, la Facultad de Filosofía y Letras añadió ideas a la reflexión en torno a su obra literaria, y el Canal 22 dedicó una rica programación de documentales y entrevistas alrededor de sus letras. La capital mexicana conserva la dicha de ser la casa donde Gabo dio vida, a través de la palabra, a la soledad novelada. Aquí, García Márquez también incursionó en el arte-linterna mágica, con guiones de películas legendarias como El gallo de oro, basada en un cuento de Juan Rulfo, o En este pueblo no hay ladrones, donde actúan José Luis Cuevas, Carlos Monsiváis y Abel Quezada como jugadores de dominó, mientras que Luis Buñuel aparece en el papel de sacerdote regañón. ¡Qué reparto aquél!
En Cartagena de Indias, convertida por derecho propio en sede del año Gabo, las celebraciones giraron en torno a las otras dos grandes pasiones del literato: el cine y el periodismo. El 47º Festival Internacional de Cine y Televisión de esta ciudad colombiana (el más antiguo de América Latina) se dedicó en plenitud y gozo al autor de El coronel no tiene quien le escriba, con un recorrido por su relación con la cinematografía. Encuentro fecundo definido por él mismo como “un matrimonio mal avenido: no puedo vivir sin él ni con él”. En aquella hermosa ciudad, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1984, comenzarán en unos meses los rodajes de El amor en los tiempos del cólera y Del amor y otros demonios.
Además, en este puerto colonial del caribe colombiano la Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) contó con la participación del autor de Relato de un náufrago. En este congreso anual, el escritor Tomás Eloy Martínez y el periodista estadounidense Jon Lee Anderson conversaron sobre el trabajo literario y periodístico del también impulsor de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI). En dicha reunión también se hizo un homenaje póstumo al polaco Ryszard Kapuściński, reconocido por el gremio como el más grande periodista del siglo XX, a quien Gabo –entrañable amigo suyo- consideró el verdadero maestro del “mejor oficio del mundo”.
En Aracataca, pueblo natal de un continente imaginario, el buen día para el biógrafo de los Buendía comenzó muy temprano con ochenta salvas de cañón en su honor; después, estalló el vallenato, la fiesta y la algarabía… y las hermosas mariposas amarillas volaron libres. Así, se anunció la restauración de la casa donde Gabito escuchó por primera vez de su abuela los cuentos y las leyendas de aparecidos que los viejos memoriosos acostumbraban contar a los más chicos en palabras de un lenguaje perdido. En esta casa se inaugurará el próximo año un museo que llevará el nombre del hijo más querido, a quien su abuela Tranquilina, como una princesa Scheherazada, le contó en mil y una noches la soledad de un pueblo olvidado.
A pesar de toda su fama internacional, el autor de Crónica de una muerte anunciada continúa siendo muy amigo de todos; porque quizá se puede ser compañero entrañable de la humanidad entera. “La verdad que yo escribo, simplemente, porque me gusta contarles cosas a mis amigos”, declaró Gabo en 1968 -año que no se olvida-. Por esto, García Márquez nunca ha tenido empacho en demostrar su legendaria amistad con Fidel Castro.
Su posición de izquierda es contundente: “Yo creo que tarde o temprano el mundo será socialista, quiero que sea, y cuando más pronto mejor”, dijo en 68. Su postura política progresista jamás le ha sido un obstáculo para demostrar su tolerancia hacia las diferencias. Nunca ha sido incondicional de nadie, su lealtad sólo se ha mantenido para su narrativa: “Hay que ser infiel, pero nunca desleal”. El compromiso, ante todo, de contar historias.
¿Quién puede pelearse con Gabo? ¡Sólo Mario Vargas Llosa! El periódico La Jornada recordó en primera plana, con una fotografía hermosa tomada por Rodrigo Moya el 14 de febrero de 1976, el puñetazo certero que el escritor peruano le propinó al colombiano dejándole un moretón en el ojo izquierdo y en la nariz. La amistad entre el autor de La ciudad y los perros y el autor de Ojos de perro azul acabó para siempre. Las versiones sobre las causas de esta ruptura son tan distintas como las posibilidades de una novela y dan para escribir varias ficciones: divergencias ideológicas, envidias, celos e incluso líos de faldas. Todas no son más que especulaciones y todas carecen de veracidad definitiva. Lo único que acaso es cierto, en palabras del propio Moya, es “el terrífico encuentro entre dos grandes escritores, uno de izquierda, y otro de contundentes derechazos”. ¡No cabe duda que los escritores son seres humanos!
En relación a esto, el escritor Gonzalo Celorio anunció que próximamente se publicará la edición conmemorativa por las cuatro décadas de Cien años de soledad que, paradójicamente, incluirá -con la anuencia de Vargas Llosa- un ensayo suyo acerca de la novela capital de García Márquez. A pesar de esto, seguramente a don Mario no le hizo ninguna gracia que el conferencista de talla internacional (auto sic), Vicente Fox, confundiera -como ya es su costumbre- al “Nobel colombiano Vargas Llosa” (sic que se multiplica hasta el infinito)…
El primer ejemplar de la edición conmemorativa (por los cuarenta de los cien) lo recibirá su autor de manos del director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, en el marco del IV Congreso Internacional de la Lengua Española en Cartagena, antes del mediodía del próximo 26 de marzo; después del mediodía, la edición de Cien años de soledad, cuyo tiraje será de un millón de ejemplares, podrá ser vendida en las librerías de todo el mundo, según informó la revista Semana. Esta obra de 612 páginas, además del estudio de Vargas Llosa, cuenta con ensayos de Álvaro Mutis, Carlos Fuentes y Gonzalo Celorio, por mencionar algunos, así como un aparato crítico, glosario, bibliografía y árbol genealógico de la familia Buendía.
Además de la ya esperada edición especial de la novela/mito/metáfora de América Latina, que sin duda será un regalo para nosotros los lectores, Gerald Martin, único biógrafo reconocido por el autor de Vivir para contarla (su autobiografía), anunció que en 2008 publicará otra biografía sobre Gabo a quien define como “adivino” y “persona sencilla” que, al mismo tiempo, “es de una gran complejidad”.
Su sencillez y complejidad se disfruta a lo largo de toda su obra literaria, pero cada lector tiene su novela, relato o cuento favorito del hijo del telegrafista de Aracataca. Incluso, para el hijo distinguido: “Mi libro –declaró- es El amor en los tiempos del cólera; ése es el libro que va a quedar. Cien años de soledad es un libro mítico, y yo no trato de disputarle ningún mérito; pero El amor en los tiempos del cólera es un libro humano, con los pies sobre la tierra de lo que somos nosotros de verdad”.
Ésta es la historia de los amores de sus padres, de la vejez, es el “libro humano”. ¿Y qué es la condición humana si no es amor y vejez? Acaso nada. Gabo con razón ha dicho que “el amor es tan importante como la comida. Pero no alimenta”. Por esto: “el secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad”.
Gabo viejo ama a las mujeres. Dice llevarse mejor con ellas que con los hombres, porque -según él- las conoce mejor. En su narrativa la influencia asfixiante de la matriarca es fundamental; la mujer, entendida como centro, garantiza la continuidad de la vida y conserva, a su vez, el mundo de lo posible y maravilloso. “Creo que las mujeres sostienen el mundo en vilo, para que no se desbarate mientras los hombres tratan de empujar la historia. Al final, uno se pregunta cuál de las dos cosas será la menos sensata”.
Vivir amando cien años es lo más sensato que quizá exista. En este mes de marzo del año Gabo, otro gran escritor también festejó su cumpleaños: el granadino Francisco Ayala cumplió 101 años de vida. El 16 (día de su onomástico) el autor de La cabeza del cordero, declaró que lo “voy a celebrar mi cumpleaños en la soledad total, que es la soledad con mi soledad [dijo señalando a su esposa, Carolyn Richmond]”. Ayala con la lucidez de un siglo, testigo de la Guerra Civil Española, exigió sensatez a la clase política española y manifestó su preocupación por este “mundo que se está deshaciendo de diversas maneras”.
La humanidad parece no aprehender la tolerancia, el amor, la soledad y la vejez. ¿Nuestra casa existirá dentro de cien años? ¿Despertaremos mañana? Gabriel García Márquez confía: “Yo creo que todavía no es demasiado tarde para construir una utopía que nos permita compartir la tierra”. ¡Construyamos pues la utopía! Tengamos la esperanza de que todavía exista mucho Gabo para rato y mucha tierra para compartir. El tiempo…, sí habrá ¡cien años por Gabo… y por toda la humanidad!
El primer ejemplar de la edición conmemorativa (por los cuarenta de los cien) lo recibirá su autor de manos del director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, en el marco del IV Congreso Internacional de la Lengua Española en Cartagena, antes del mediodía del próximo 26 de marzo; después del mediodía, la edición de Cien años de soledad, cuyo tiraje será de un millón de ejemplares, podrá ser vendida en las librerías de todo el mundo, según informó la revista Semana. Esta obra de 612 páginas, además del estudio de Vargas Llosa, cuenta con ensayos de Álvaro Mutis, Carlos Fuentes y Gonzalo Celorio, por mencionar algunos, así como un aparato crítico, glosario, bibliografía y árbol genealógico de la familia Buendía.
Además de la ya esperada edición especial de la novela/mito/metáfora de América Latina, que sin duda será un regalo para nosotros los lectores, Gerald Martin, único biógrafo reconocido por el autor de Vivir para contarla (su autobiografía), anunció que en 2008 publicará otra biografía sobre Gabo a quien define como “adivino” y “persona sencilla” que, al mismo tiempo, “es de una gran complejidad”.
Su sencillez y complejidad se disfruta a lo largo de toda su obra literaria, pero cada lector tiene su novela, relato o cuento favorito del hijo del telegrafista de Aracataca. Incluso, para el hijo distinguido: “Mi libro –declaró- es El amor en los tiempos del cólera; ése es el libro que va a quedar. Cien años de soledad es un libro mítico, y yo no trato de disputarle ningún mérito; pero El amor en los tiempos del cólera es un libro humano, con los pies sobre la tierra de lo que somos nosotros de verdad”.
Ésta es la historia de los amores de sus padres, de la vejez, es el “libro humano”. ¿Y qué es la condición humana si no es amor y vejez? Acaso nada. Gabo con razón ha dicho que “el amor es tan importante como la comida. Pero no alimenta”. Por esto: “el secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad”.
Gabo viejo ama a las mujeres. Dice llevarse mejor con ellas que con los hombres, porque -según él- las conoce mejor. En su narrativa la influencia asfixiante de la matriarca es fundamental; la mujer, entendida como centro, garantiza la continuidad de la vida y conserva, a su vez, el mundo de lo posible y maravilloso. “Creo que las mujeres sostienen el mundo en vilo, para que no se desbarate mientras los hombres tratan de empujar la historia. Al final, uno se pregunta cuál de las dos cosas será la menos sensata”.
Vivir amando cien años es lo más sensato que quizá exista. En este mes de marzo del año Gabo, otro gran escritor también festejó su cumpleaños: el granadino Francisco Ayala cumplió 101 años de vida. El 16 (día de su onomástico) el autor de La cabeza del cordero, declaró que lo “voy a celebrar mi cumpleaños en la soledad total, que es la soledad con mi soledad [dijo señalando a su esposa, Carolyn Richmond]”. Ayala con la lucidez de un siglo, testigo de la Guerra Civil Española, exigió sensatez a la clase política española y manifestó su preocupación por este “mundo que se está deshaciendo de diversas maneras”.
La humanidad parece no aprehender la tolerancia, el amor, la soledad y la vejez. ¿Nuestra casa existirá dentro de cien años? ¿Despertaremos mañana? Gabriel García Márquez confía: “Yo creo que todavía no es demasiado tarde para construir una utopía que nos permita compartir la tierra”. ¡Construyamos pues la utopía! Tengamos la esperanza de que todavía exista mucho Gabo para rato y mucha tierra para compartir. El tiempo…, sí habrá ¡cien años por Gabo… y por toda la humanidad!


2 comentarios:
Hola Ernesto, muy bueno tu post, muy bueno tu blog también... creo que tengo que re-leer "cien años de soledad" y es que ahora que me acuerdo nunca supe que pasó con "Remedios, La Bella"... bueno recuerdo que se fue volando.. pero.. ya no volvió verdad? jaja... pasate por mi blog...
saludos... Juan Pablo
Escribe más!!! andale!!! jajaja no sea flojo! saludos
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